Crítica de “Herido mármol” de Ernesto Frattarola, publicado hoy en su edición de papel en La Nueva España por Lauren García.

CARNE LATENTE
Herido mármol, el estreno como poeta de Ernesto Frattarola
Lauren García

Con la cercanía de un verso que tiembla y mostrándose en toda su dimensión humano se nos revela “Herido mármol”, el primer libro de Ernesto Frattarola (Barcelona, 1965). El poema del escritor catalán está enteramente ligado a la condición de mortal y se enerva frente a la resignación para posarse en el mismo cúmulo de la herida: “No bastan las arenas, los eclipses;/ no basta aquella esponja con vinagre./ Es necesaria la sangre bajo el muslo,/es necesario otro azote en los más hondo”. Toda una confesión sin medias tintas, una revelación teñida de metáforas con un llamamiento al tú y yo más deshabitado: “ser dos es el secreto de este viernes”. Así se consigue hablar de la piel en carne viva: “Árbol mudo bajo la corteza./ Madera de todos los muertos./ Vientre tenso como cuerda de guitarra”. La incoformidad ante el mundo, útil arma poética, que acaba por trascender y trasformar cada verso. La crudeza del destino es una poderosa marca a fuego lento para subrayar que “Sólo hace calor en el infierno”. El oficio de poeta encontrará a su vez su potestad y sino para hacer más plausible el camino: “No preguntes: todo está en los libros/ que escribió el arcángel con sus plumas”. La poesía de Frattarola quiere descifrar el riesgo en medio de la efímera vida desconocedora de los reclamos del retorno: “Desaparecer./ Camino seguro, guía de ciegos./ La piel ama al hierro de marcar el ganado.” La literatura es todo un eje en el que se mecen al unísono memoria y verdad. Ante la muerte nada más cabe el delicado y precipitado vuelo como única apuesta segura: “Tocaré las palabras como un dedo de dios”. Subyace un arrebato contra la vida establecida y el nulo azar cotidiano: “Te crees que esas muletas te hacen libre./ Pero te llevas el polvo de la casa”. El desarraigo es la conciencia enarbolada para subsistir y gritar al viento prohibiendo todo eufemismo tomando por bandera citas de Ángel González o Blas de Otero. Ernesto Frattarola modela un canto insumiso contra los sumideros del destino; la elección bienhallada es despegar ya que “es hermosa la espera, la caída”. El libro concluye con un poema dedicado a Eva, las referencias bíblicas se prodigan en toda la obra, y poetizando abril y noviembre sin perder un ápice de intensidad. “Herido mármol” tiene esa subjetiva y razonable exigencia que reclaman los poetas de exigirle más a la existencia.

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