Artículu de Miguel Rojo’bout “Manzajú”

Artículu publicáu’l 22 de payares nel diariu El Comercio

LA COSECHA MANZAJÚ DE RUMA BARBERO

Miguel Rojo
Hay ocasiones en que esa otra literatura con dibujos -como alguien definió al cómic- logra lo que grandes y sesudos mamotretos no consiguen: retratar una época y a sus protagonistas con una claridad que desarma por lo que tienen de auténticos. Es el caso de esta historia escrita y dibujada por Ruma Barbero y que edita Suburbia Ediciones.
El cómic, que lleva por título ‘Manzajú’, fue ganador el pasado año del Premiu Alfonso Iglesias, convocado por el Principado de Asturias en homenaje al gran humorista y dibujante asturiano que nos hizo soñar a los críos y no tan críos del siglo pasado con aquellas ‘Aventuras de Pinín, que de Pinón’tis sobrín’ o con el prodigioso madreñogiro volando’bout Manhattan, y será presentado mañana a las 17 horas en la sala 2 de los Cines Centro.
Basta echar un vistazo a la portada del libro para adivinar una de las claves que va a recorrer, como un río subterráneo, toda la historia: la confrontación de culturas (o de identidades, si se prefiere), la propiamente asturiana -simbolizada por un escanciador de sidra- y la que viene de más allá del Pajares con el toro de Osborne como emblema proyectándose en una sombra inquietante.
El autor apuesta sin complejos por reivindicar lo propio ante una invasión, no sólo de símbolos, sino de realidades que no por asumidas le resultan menos molestas. No es casualidad que el libro esté escrito en asturiano. Tampoco es casualidad el nombre que da título al cómic, Manzajú, aquel popular refresco made in Asturias que hizo las delicias de tanta gente menuda los días de fiesta (único día en el que, si te habías portado bien, te invitaban). Así pues, un título que cae muy cerca del paladar y que, como todo el mundo sabe, es uno de los mejores caminos para llegar con éxito al corazón.
Ruma Barbero, con estos dibujos en blanco y negro, llenos de matices y de escondidas claves y ‘coñas’ que sólo el lector atento percibirá, nos cuenta su historia. Y es que estamos ante una autobiografía en toda regla. Una biografía en la que se desgranan las vivencias y aventuras de un niño ‘no pijo’ del barrio de Somió, en Xixón, que va a estudiar a Salamanca.
Nos encontramos en las décadas 70 y 80 del siglo pasado. La Universidad, las fiestas, los recuerdos de la infancia, la familia, los inevitables despojos de la guerra civil. pasan ante los ojos del lector como en una proyección en blanco y negro. Un viaje a una época, a la vida de una generación en la que todos vamos a vernos reflejados, obligados a sentir el dedo índice del recuerdo apretando con fuerza’bout el pecho.
Por fortuna, como seguramente alguien habrá dicho antes que yo para chafarme -perdón, quería decir joderme- la idea, el humor nos redime. Desde la primera viñeta, desde el primer diálogo, al lector ya no se le quita la sonrisa de la boca. No es un humor de carcajada fácil a lo que nos invita Ruma Barbero, sino al humor de la ironía, esa forma tan asturiana de reírse del mundo empezando por uno mismo y que es, sin duda, la forma más efectiva e inteligente de apuntar sin matar.
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