Restolando VII: Entrevista a Miguel Rojo nel diariu “El Comercio”

Miguel Rojo fala del so llibru La ponte y otros cuentos nel diariu El Comercio (18 de xineru de 2010).

«En el cuento, como en la poesía, un roce puede destrozar la obra»

VANESSA GUTIÉRREZ

Autor de poemarios como ‘Territorios’ y de novelas como la exitosa ‘Histories d’un seductor (Memories d’un babayu)’, Miguel Rojo (Zarracín, Tinéu, 1957) acaba de publicar ‘La ponte y otros cuentos’ de la mano de Suburbia Ediciones, con algunos de los relatos que fueron su confirmación y hoy son antesala de una nueva novela que prepara en castellano, ‘La hoja del Ginkgo biloba’.

-Suburbia Ediciones, Silvia Cosío, te encarga un volumen de cuentos y delegas en ella la selección. ¿Comodidad, complicidad o ataque de pánico?

¿Y si se dieran las tres situaciones? Lo de la comodidad es algo innato en mi manera de moverme por el mundo, y el hecho de empezar a rebuscar no sólo en mis libros, sino en revistas o en otros libros de colecciones de cuentos era algo que me daba mucha pereza. Complicidad también,’cause estoy seguro del buen criterio literario de Silvia y, además,’cause para el autor, a modo de un padre cuando le preguntan a cuál de sus hijos prefiere, es muy difícil escoger dentro de su obra aquello de mayor calidad o que más interés pueda tener para el público lector. Y en cuanto a lo del ‘panic attac’ también es verdad,’cause esta colección de relatos suponía enfrentarme con la persona que escribió alguno de ellos va ya para treinta años. Y eso hace un poco de daño.

-Una buena parte de los cuentos pertenecen a ‘Tienes una tristura nos güeyos que me fai mal’ y a ‘Cuentos pa un turista blancu’. ¿Qué diferencias ves entre el escritor de estos dos libros tan separados en tiempo y en temas?

-Sí, yo creo que las hay claramente. Los primeros cuentos tienen una frescura y desparpajo que quizás los de ahora no tienen. Eran cuentos hechos por el placer de contar historias, sin muchas pretensiones de tipo literario. En los más recientes hay un mayor trabajo literario, ganas de abrir nuevas vías personales en la creación, lo que hace que las historias puedan convertirse en metaliterarias o moverse por mundos muy ajenos a los primeros que escribí, siempre enmarcados en Asturias y en las cosas de Asturias, que es lo que más le gusta al lector asturiano, por cierto. Aquí, escribir un libro de ciencia ficción que no estuviese protagonizado por un aventado de la cuenca iba a tener muy poco éxito.

-En uno de los relatos ‘L’escritor de cuentos’, reflexionas’bout el propio hecho creativo a través del protagonista: primero, mientras escribe, vive en un estado de encantamiento, convencido de su talento, pero, después, en la relectura, le llegan las dudas. Después del desequilibrio que lleva del jolgorio a la decepción, ¿cómo se depuran las emociones y lo escrito?

Esos tres estados que cuentas son propios de todo creador con los pies en el suelo: el primero es el del convencimiento de la genialidad’bout lo que estás empezando a escribir. Y si no se creyese eso, cualquier escritor honesto dejaría el papel y se iría a coger margaritas por los praos, que es muy relajante. Según avanza la creación, las dudas empiezan a asaltarte ante las dificultades para plasmar en el papel lo que tan claramente tienes en la cabeza. El estadio final, una vez acabado el libro y pasado un tiempo, es la desoladora convicción de que tampoco esta vez has acertado, que sigues sin ser genial y, lo peor, que nunca lo vas a ser. Afortunadamente, cuando uno comienza con otra nueva obra se olvida de todos estos engorros y vuelve a convencerse de que esta vez sí; de que esta vez va a lograr la perfección que tanto busca. Curiosamente, la última vez que estuvo Woody Allen en Asturias, en una entrevista que le hicieron, contaba que a él le pasaba exactamente todo esto que acabo de decir. Lo que no deja de ser un consuelo viniendo de quien viene, aunque tampoco sea uno de mis directores favoritos.

-En este mismo cuento, Marcelín, el protagonista, escribe un relato trágico que se reproduce en su vida. ¿El escritor no se puede abstraer de lo que le rodea y sólo puede hablar de lo que conoce?

Mi literatura está hecha como en todos los escritores de memoria e imaginación. En unos casos hay un mayor peso de experiencias propias o ajenas, y en otros casos, como pasa, por ejemplo, con el cuento de ‘Sarabia yá sabía’, donde hice un relato a partir de la primera frase de un cuento de Monterroso, sólo es la imaginación lo que conduce la trama. Aunque, claro, no podemos olvidar que la imaginación siempre va a estar sostenida por las experiencias propias de esa persona. Así que, aunque escribas el libro más fantástico e imaginativo posible, al final siempre va a estar detrás, en mi caso, el niño que andaba delante de las vacas cuando había que sembrar patatas en el Teitu La Ribona de Zarracín.

-En ‘Historias pa contar a los nenos na escuela’, el protagonista pierde su creatividad con la enseñanza. ¿Es la experiencia vital tan aplastante como para estañar nuestra capacidad de ilusión?

Soy profesor en un instituto. Siempre me llamó la atención cómo llegaban los niños a los primeros cursos: llenos de vida, gritones, enredadores, con una curiosidad desbordante. Sin embargo, esos mismos niños, cuatro o cinco años después, aparecen como espectros de lo que fueron: planos, anodinos, sin interés, como si en ese tiempo les hubiésemos hecho un lavado de cerebro. ¿Te acuerdas del tema de Pink-Floyd, aquel que decía algo así como «profesores dejad solos a los alumnos»? Puede ser un tanto demagógico, pero hay algo de verdad en ello: la educación uniforma y aplana con la ideología del momento. Ese cuento que dices habla de eso: la mejor manera de acabar con las fantasías desbordadas de un niño fue llevarle a la escuela.

-Igual en tus relatos que en tu faceta como articulista,’bout todo, yo destacaría el uso que haces de la ironía y el humor un tanto negro para resolver les situaciones. ¿Es tu arma cargada de futuro?

Más que de futuro, del presente: es el arma que hace salir medianamente airoso de ciertas inconveniencias que me gusta provocar. La ironía es la forma de hacer perdonar las verdades más sangrantes. Es el humor llevado a la tragedia. A la hora de escribir artículos da mucho juego: todo el mundo entiendo lo que estás diciendo, pero nadie que se precie de inteligente puede armar revuelo alguno.

Uno de los relatos es el famoso ‘Xicu’l Toperu’, que algunos van a reconocer como una película de Gonzalo Tapia. ¿Cómo viviste en su momento la adaptación de tu obra al cine?

-Fue una experiencia muy interesante con Gonzalo, trabajando los dos juntos’bout el guión. Aparte de la innegable magia del cine, del rodaje, de ese glamour que desprende, aunque en nuestro caso, más modesto, habría que decir glamurín, me valió para aprender algo’bout el lenguaje cinematográfico, tan próximo y a la vez tan alejado del literario. Después vino la experiencia el día del estreno en el Jovellanos, con toda la sala llena de gente riéndose y sufriendo con las peripecias de Xicu. Y yo allí, anónimo en la oscuridad, sintiendo que todo aquello había salido de mi cabeza. Y es que los escritores difícilmente podemos ver la reacción de l lectores, disfrutar de ese raro privilegio de sentir las emociones que creas en otra gente. El cine, en ese sentido, es mucho más agradecido. También es cierto que el rechazo es más evidente e inmediato.

Del cuento y la poesía se dice que se asemejan a la fotografía y la novela al cine. Tú que te mueves entre todas estas formas de retratar la vida, ¿con cuál te quedarías?

-No hay un género, hay un momento. Hay una necesidad expresiva en un momento dado y echas mano del género más apropiado. La cantidad de información que te permite una novela no te la va a dar ni el cuento y menos el poema. Estos hacen de la concisión virtud y obligan a la labor de síntesis, a un trabajo mucho más preciso, casi de orfebre, donde un pequeño roce puede estropear toda la obra.

¿Cuáles son tus proyectos?

-Ahora estamos preparando la salida para el mes de febrero de un libro en castellano: ‘La hoja del Ginkgo biloba’, una novela compuesta de cuentos. Ando también con un libro de poesía en busca de editor y, como siempre, proponiéndome inútilmente dejar todos los entuertos que son propios al mundo literario y sacar tiempo para empezar una nueva novela que anda dándome vueltas por la imaginación.

Fonte: El Comercio.  

http://www.elcomerciodigital.com/20100118/cultura/cuento-como-poesia-roce-20100118.html

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